Leo, el león, rige a todos los demás animales. Leo, la persona, te rige a ti y a todo el mundo. El león alterna entre ser decididamente gregario y una hermosa indolencia, mientras sofoca un sibarítico bostezo.
No hay Leo introvertido; los hay únicamente que se hacen los introvertidos, y es importante que lo recuerdes. Tal vez encuentres algunos leones que mantengan atenuado al Sol que les rige y se muestren silenciosamente fuertes, dignos y decididos, pero no te dejes engañar por la suavidad de sus ronroneos. Incluso los Leo más suaves están en su fuero convencidos de su regio derecho a dominar sobre amigos y familiares, mientras atisban desde detrás del telón, en espera del momento de salir a escena.
Notarás en los Leo un aire de mando majestuoso, porque él mira con desdén a todos los simples mortales que están por debajo de él. Po lo común, es muy deliberado en sus movimientos y en su discurso. Es raro que Leo hable de prisa, corra e incluso que camine con rapidez - a menos que tenga ascendente, o bien la Luna en Aries o en Geminis, por ejemplo -. En un grupo, el leo no te pasará mucho tiempo inadvertido: será el centro de atención, ya sea con sus acciones y afirmaciones framaticas, o bien poniendo mal gesto y escondiendo la cara entre las manos hasta que alguien corra a preguntarle qué le pasa.
Leo es especial para decirle a uno con cierto aire de superioridad y condescendencia, cuál es la forma exacta en que deberia ordenar su vida. Es ese amor por la enseñanza lo que lleva a tantos de ese signo a convertirse en educadores, políticos y psiquiatras. Lo exasperante es que tengan tanta capacidad para racionalizar las cosas y plancharle a uno todas las arrugas de su vida. Lástima que no pueda arreglar sus propios asuntos con la misma dacilidad y elegancía.
La vanidad es su talón de Aquiles. Para él, ladulación es un estimulante, la falta de respeto le pone ciego de furia y ambos extremos le hacen incapaz de formular un juicio equilibrado. Algunos Leo cosiguen controlar con éxito estas tendencias, pero siempre están latentes en el signo solar y se hacen presentar hasta cierto punto. Leo no puede dejar de sentirse superior y de comportarse de manera teatral, de vez en cuando. Es sumamente astuto, en muchos sentidos. Será raro verlo desperdiciar anergías procurando extraer agua de un pozo agotado, como suele sucederle a Aries, pues es un excelente organizador y sabio distribuidor de obligaciones. Sus órdenes son sorprendentemente efectivas cuando controla los efectos dramáticos, porque el león puede ser un maestro en el arte del discurso simple y directo. Expresa generosa y abiertamente su aprobación, y sus lisonjas pueden ser tan exageradas como para confundir a cualquiera. Tampoco se avergüenza de sentir disgustos. Por lo general, lo que dice es lo que siente. es posible que aplaque o que resulte quemante, pero nunca pasará sin dejar huella. El fiero orgullo de leo es causa de que muchos romances y matrimonios se hagan pedazos. Un Leo sin pareja suele ser muy triste espectáculo, pero cuando su orgullo ha sido afrentado por su pareja, sea ésta legal o no, es posible que pierda su aspecto de tristeza y se muestre feroz, en cambio. De todas maneras, no hay quien pueda aguantar más con estoica dignidad, o adaptarse, cuando es necesario, valientemente a las condiciones más deprimentes, con auténtica energía y optimismo. Como la tendencia a perdonar y olvidar son parte de la naturaleza íntima de los grandes felinos, las reconciliaciones son, en la vida emocional de ellos, casi tan frecuentes como las rupturas, una vez que el chisporroteo de la dignidad ultrajada se ha extinguido y que el gato cobra conciencia de su soledad. Leo está casí continuamente ahogado por la pasión, no sólo por el sexo opuesto, sino por la vida. la vida sin amor es como un cheque sin fondos. Para ellos, cuando el romance se extingue, el Sol deja de brillar. Son hombres y mujeres que jamás se apoyan en los demás. Prefieren, más bien, que se poyen en ellos. La responsabilidad para con los débiles y los desvalidos les fascina.
Leo quiere todo de primera y lujoso, y gasta sin privarse cuando se trata de diversiones y placeres. Es capaz de darle dinero a casí todo el mundo. Si le piden un préstamo y no tiene efectivo, es posible que prefiera a su vez pedir prestado antes que admitir que el Rey no está en situación de sacar de un apuro a sus súbditos. Claro que esté es un último recurso, porque a Leo le mortifica tener que recurrir a alguien en cuestiones de dinero, consejo o estímulo. Tiene ego suficiente para estimularse él solo, es lo bastante despierto para llenar su propia alcancia... y bien sabe Dios que no le gusta pedir consejo. Uno busca consejo en los que están por encima de él, ¿y quién está por encima de Leo?
Leo es fijo por naturaleza. Es difícil apartarse del camino que se trace, aunque él sí pueda apartar a otros con su convincente oratoria. Acumulan sólo lo necesario para poder distribuirlo, una vez que ellos mismos se han provisto de un trono resplandecente y completo, hasta con almohadones de plumas. Son capaces de desplegar la feroz energía de una apisonadora de vapor, para después tenderse, soñolientos y relájados como un gato, a holgazanear y desperezarse al sol. Cuando Leo trabaja, trabaja. Cuando juega, juega. Cuando descansa, descansa. La mayoria de ellos tienen una habilidad impresionante para delegar en otros las tareas sucias y desagradables, en tanto que ellos se ocupan de las cosas importantes, como puede ser la decisión de quién será elegido presidente y cómo se debe ganar la guerra.
Para su propia sorpresa, cuando una auténtica emergencia se deploma sobre sus recios hombros, Leo se la toma con calma, pero sin eludir jamás su deber, ayudando a los desvalidos, protegiendo a los asustados aunque pro dentro él puede estar doblemente asustado - animando a los melancólicos y afrontando con valor su auténtica responsabilidad. Leo es un amigo orgullosamente leal, enemigo justo pero poderoso; es creativo y original, vital y fuerte, lo mismo da que sea un león tranquilo o uno de los inflamables, pues existen las dos clases. Su indumentaria es despampanante, adecuada a su colorida personalidad. Y pasamos por alto su arrogancia, su ego insufrible a veces, sus ataques - más bien ridículos - de vaindad y haraganería, porque su corazón, como el metal, es oro puro. Rebozante de cordialidad y generosidad, el león, alegre y afectuoso, salta alegremente por un campo de amapolas cuando su Sol brilla alto en el cielo, porque su dignidad y su gracia interiores son tan aunténticas que puede llevar con valor sus infortunios.
